Una misa para mi hijo

historias de terror Una misa para mi hijo

Dice una leyenda de historias de terror mexicanas que un día extremadamente frío del mes de enero de 1890, se le apareció un fantasma a una señora de nombre Agripina.

La aparición era de un hombre bien vestido y educado, sólo que a través de su cuerpo se podía ver claramente el paso de los rayos del sol. Desconozco el motivo, pero la mujer no sintió temor alguno y al contrario hasta escuchó lo que aquel individuo tenía que decir:

– Buenos días señora. Le quiero pedir que por favor vaya a la iglesia y mandé decir una misa a nombre de Fulgencio, ese es el nombre de mi hijo, el cual murió el mismo día que yo pero en circunstancias distintas y deseo que su alma descanse tranquilamente en el cielo. Como pago de sus servicios, le ofrezco entregarle unos diamantes que están enterrados en el cedro más grande de la hacienda de San Malaquías. Aunque eso sí, debe de cumplir primero con la encomienda y después ir en busca del dinero. De lo contrario, le pesara.

El fantasma se desapareció y Agripina fue en busca de su marido para contarle lo que había pasado. Éste le mencionó que los muertos eran incapaces de hacerles daño a los vivos. Además le aconsejó que primero debían cerciorarse si era cierto o no que los diamantes se encontraban en aquel lugar.

Esa tarde el marido de Agripina la acompañó hasta San Malaquías y antes de entrar en la propiedad observaron que en efecto había un gran cedro que se distinguía entre los demás.

– Oye viejo y si mejor primero voy a la iglesia y le mando decir la misa a su hijo. No vaya ser que nos caiga una maldición o algo así.

– No tengas miedo y ayúdame a cavar.

Así estuvieron un rato hasta que toparon con algo sólido.

– ¿Lo ves? Encontramos algo. Dijo el consorte frotándose las manos.

Sin embargo, cuál sería su sorpresa al percatarse de que lo que habían encontrado era el cuerpo sin vida de su hija menor. Sus risas se convirtieron en llanto y en ese momento la brisa del viento se convirtió en una carcajada que hizo que sus huesos se convirtieran literalmente en hielo.

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