La bruja Isabella

La bruja IsabellaIsabella era una mujer poco apreciada por los miembros de su comunidad. A menudo la gente la tildaba de loca o al menos de excéntrica, ya que sólo salía a la calle muy pocas veces durante el año (Generalmente cuando tenía que ir al hospital o durante la celebración de noche de brujas).

Para que se den una idea mejor de cómo se comportaba, les diré que el personal del supermercado local le dejaba la mercancía en el pórtico y ella les dejaba el dinero en el buzón.

Comenzando octubre, Isabella preparaba su disfraz de bruja para salir a espantar a la gente. No se trataba de simples ropajes maltrechos, sino que era una combinación de artilugios que infundían el terror automáticamente, aunados a un extraordinario maquillaje.

Le gustaba esconderse en las cocheras abiertas y esperar a que los chicos llegaran a pedir el tradicional “dulce o truco”. Después de que el dueño de la casa cerraba la puerta, Isabella aprovechaba ese momento para lanzar una bomba de humo y hacer una entrada triunfal.

– Niños, vengo por ustedes. Gritaba y reía al mismo tiempo, la desquiciada mujer.

Por su parte, algunos chiquillos salían corriendo en todas direcciones. Sin embargo, a quienes se les quedaban pegados los pies al suelo del temor, les decía lo siguiente.

– ¡Qué infantiles son! No puedo creer que los niños de esta época se sigan asustando con algo tan tonto como las brujas. Esos personajes sólo pertenecen a las páginas de un libro de leyendas de terror.

El mismo ritual se repetía año tras año hasta que un día, Isabella fue asustada por una mujer con el rostro desfigurado quien la enfrentó y le reclamó:

– Ya estoy cansada de que molestes a esos niños inocentes, cuando ni siquiera te han hecho nada. Además, aseguras con gran vehemencia que las brujas únicamente somos producto de la imaginación de otros. Pues yo estoy aquí para enseñarte lo contrario.

La extraña mujer agitó su mano izquierda, pronunció unas palabras en un idioma ininteligible e Isabella quedó convertida en una calabaza podrida.

Así que ya lo sabes, si se acerca Halloween ten mucho cuidado. No vaya ser que tú también corras con la misma suerte de Isabella.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *