Archivo de la categoría: Cuentos y leyendas

El disfraz del diablo

Se dice que Cuenca es una de las ciudades que más misterio abarca, donde enigmas y empedradas calles están llenas de pasajes que guardan mucha historia. He aquí una de las leyendas mexicanas cortas.

Hubo en este pueblo un joven mozo que anduvo enamorado de una de las damas más lindas que se halla visto en la ciudad. Lo que el muchacho desconocía es que la belleza de la muchacha escondía un espantoso secreto.

La leyenda se centra en el la ermita, santuario de las Angustias, creada en el siglo XIV. Por estas calles vivía un muy apuesto joven hijo del oidor de la villa. Este mozuelo habría sacado provecho a sus encantos para seducir a algunas jovencitas y satisfacer con ellas sus instintos más bajos.

Al cabo de unos días una joven hermosa llamada Diana llegó a la ciudad, el mozuelo se había ensimismado y quedado absorto por tanta belleza, la joven que se dio cuenta de las intenciones de este chico no se dejó seducir tan fácilmente. Sin embargo un día sorprendió al joven enviándole una carta donde le decía que sería suya el día de los santos y lo esperaría en la puerta del santuario de las angustias.

Es en ese lugar donde ambos jóvenes se apasionaron en medio de la tormenta, hasta que un rayo cayó cerca del pie de la muchacha y esta luz le permitió al caballero ver una pezuña en lugar de las hermosas piernas de la chica, despavorido y pálido él terminó corriendo mientras Diana con una carcajada gruesa y demoníacas había resultado ser el mismo Diablo. Este último intento aventarle un zarpazo al joven, quien espantado se sujetó de la cruz del santuario. Se cuenta que desde aquella noche el mozuelo jamás volvió a salir para ver la luz del día.

El disfraz del diablo

Leyenda mexicana de la pieza de pan

Leyenda mexicana de la pieza de pan

Hace unos pocos días me contaron una leyenda mexicana de un hombre que se aparece por las noches pidiendo una pieza de pan. Ese individuo tocó a la puerta de una mujer llamada Leonor y cuando ésta fue a atender el llamado, lo único que el sujeto le dijo fue lo siguiente:

– Buenas noches señora, me podría regalar una pieza de pan. Hace muchos días que no pruebo bocado y tengo hambre.

El hombre vestía ropajes desgarrados y además parecía que no había dormido en varias noches. Leonor con el temor de que se tratara de algún pillo, le pidió que esperara afuera de su casa y cerró la reja con llave. Luego fue hasta la cocina y cogió de la panera un par de bolillos, los metió en una bolsa de papel y fue de nuevo hacia la puerta.

Inexplicablemente el hombre ya no estaba. Al día siguiente, a la misma hora llamaron a su puerta. Esta vez Leonor dio un salto al escuchar los golpes en el portón de su casa. Pese a eso, fue a ver quién era y cuál sería su sorpresa al encontrarse con el mismo hombre de la noche anterior quien de nuevo le solicitaba una pieza de pan.

La mujer tomó la bolsa del pan y se dirigió a la entrada. Más cuando llegó el sujeto se había esfumado. La misma situación se repitió al día siguiente (esto sucede a menudo en las leyendas mexicanas), sólo que en esta ocasión Leonor se hallaba completamente enfadada.

Sin miramientos abrió la puerta y vociferando expresó:

– No me diga señor que otra vez viene a pedirme una pieza de pan. Es el tercer día que me dice lo mismo y lo cierto es que ya estoy cansada de esto. Por favor váyase y no vuelva más.

El sujeto sacó de su pantalón un puñal oxidado y procedió a clavarlo en el techo de la mujer. Afortunadamente Leonor se encomendó a uno de sus santos predilectos y aquel hombre se desvaneció en la bruma de la noche.

Después la mujer se enteró que aquel era el fantasma de don Porfirio, un hombre a quienes unos captores le habían condenado a morir de inanición.

Un tarro de cerveza

Un tarro de cerveza

Me encontraba limpiando la barra del establecimiento, cuando un hombre hizo sonar la campanilla que se encuentra arriba de la puerta del local y que sirve para avisarme en el momento exacto en el que ingresan nuevos clientes.

La apariencia del hombre que ingresó era un tanto extraña. Vestía un uniforme de militar sucio y viejo. Tenía la barba blanca y su cabello blanco le llegaba hasta los hombros. Cojeando se acercó a mí y me dijo:

– Disculpe, le quería preguntar que si puedo guarecerme en este sitio hasta que acabe de llover. La tormenta está muy fuerte y ya las piernas no me responden como antes.

– Desde luego que sí. ¿Le apetece algo de cenar? Le pregunté.

– Se lo agradezco mucho muchacho. Replicó el viejo.

– Algo que no me va a despreciar es un buen tarro de cerveza. Le dije.

– Nuevamente agradezco su oferta, pero no tendría dinero para pagarle.

– Yo no le estoy pidiendo dinero. Sólo quiero hacerlo porque usted me recuerda a mi abuelo.

– ¡Ya sé cómo puedo pagarte! Te voy a contar una leyenda a manera de cuento que me ocurrió en mi juventud.

La patrulla con la que yo participaba, se encontraba en una zona despoblada de Vietnam. Éramos sólo un grupo de muchachos inexpertos que nos habían mandado a la guerra supuestamente para defender la “libertad”. Sin embargo, al momento de preguntarles a que se referían, ningún oficial con los que me entrevisté supo darme una respuesta satisfactoria.

Pero ya me estoy desviando de lo que te iba a decir. Resulta que en esos campos verdes y frondosos, por las noches se oían sonidos extraños. Muy parecidos a los susurros del viento en un día como este.

Observando detenidamente el paisaje, nos demos cuenta de que aquellos lares estaban invadidos de zombies. Yo mismo maté a un sin número de ellos utilizando solamente mi bayoneta.

Los recuerdos de esos terroríficos combates, me persiguen desde aquellos tiempos. He tomado algunas sesiones de terapia, ya que los médicos me dicen que trate de externar esos relatos a manera de leyendas o cuentos.

– Pues me gustó su historia. Puedes venir cuando quiera al contarme más. Le expresé cálidamente. No obstante, cuando lo busqué con la mirada, noté que se había esfumado.

El cerrajero

El cerrajero

Este cuento de terror data de hace cientos de años, cuando un hombre llamado Yirko, que trabajaba forjando metales en un pequeño pueblo del norte de Europa, sufrió un accidente muy grave con un metal que estaba fundiendo y sus manos se quedaron sumergidas en el metal líquido hirviendo con el que estaba trabajando. Con el pasar del tiempo, la gente del pueblo lo empezó a llamar el monstruo de metal, su vida había cambiado para siempre y todo por culpa de un descuido tonto, pero ¿Cómo? Eso jamás le había sucedido.

Un día regresó a su lugar de trabajo y encontró a un compañero de él hablando sobre cómo le había causado el accidente a Yirko, que al escucharlo lo maldijo y juró que se vengaría. Le pidió al demonio que le devolviera sus brazos a la normalidad para así poder vengarse, pero él se negó, le dijo que le daría el poder de transformar el metal de sus manos en la forma que él quisiera, y así lo aceptó.

Yirko decidió usar su nuevo poder para convertir sus manos en llaves capaces de entrar a cualquier casa. Así, decidió buscar a su ex amigo, aquel que había sido artífice de la burla, del descaro, del el hecho de gozar el mal ajeno. Buscó a este hombre, si lo podemos llamar así, y usando sus rígidos brazos, fundidos en metal prácticamente, lo golpeó fuertemente en la cabeza y luego buscó en su

Desde entonces Yirko usa el metal de sus manos para transformarlo en llaves y entrar en las casas de las personas de todo el mundo en busca del compañero que le había causado esa desgracia. El cuento de miedo narra que él nunca pudo encontrarlo y que por eso su alma aún sigue penando por las calles de Europa en busca de aquellas personas famosas por ser falsas y traicioneras, en busca de aquellas personas que viven de la traición y la envidia.

La petición de mi tío

La petición de mi tíoUn día mi familia y yo nos encontrábamos de visita en casa de una tía a la que queremos mucho, era una noche normal, todos sentados en el porche de la casa tomándonos una taza de café y platicando las novedades de la familia.

El esposo de mi tía había salido de viaje hace algunos días a la ciudad de Guadalajara México por lo que no estaba con nosotros.

Durante una plática amena con mi tía empecé a escuchar el teléfono de su casa, fui corriendo a buscarlo pero no alcancé a contestar. Al ver el identificador de llamadas me di cuenta que había más de ocho llamadas perdidas por lo que me preocupé un poco y le avisé a mi tía lo que estaba pasando.

Las llamadas eran de parte de sus cuñados para darle la triste noticia de que su esposo, o sea mi tío, había fallecido de un infarto fulminante. Mi tía cayó en depresión instantáneamente, no podía creer lo que había pasado, le dolía tanto no haberse despedido de el aquel día en que salió de viaje.

Lo paranormal sucedió una semana después de haber sepultado a mi tío pues una hermana de m tía que vive en Puebla a 25 horas de su casa le hizo una llamada para avisarle de algo que le estaba pasando.

Mi tía de Puebla le contó que esta mañana había asistido a una sesión espiritista y que en cuanto entró al salón el maestro le dijo que traía el espíritu de alguien a su lado y que pasara a sentarse para comunicarse con él y saber quién era. Vaya sorpresa que se llevó mi tía al saber que ese espíritu correspondía al de mi tío recién fallecido.

Al iniciar comunicación con el espíritu de mi tío solo quería enviarle un mensaje a su esposa el cual era decirle que le perdonará todo el daño que le había causado, que siempre la amó con todo su corazón y que ocupaba su perdón para poder pasar el largo camino que le esperaba.

Mi tía la viuda quedó impresionada porque jamás le había contado a nadie los problemas que tenía con su esposo y mi tía de Puebla jamás echaba una mentira.

Mi tía decidió prenderle velas blancas y perdonarlo de corazón para que su esposo pudiera seguir el camino hacía su descanzo.